EL DUELO EN LOS NIÑOS, PAUTAS PARA LA SUPERACION DE UNA PERDIDA

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La pérdida de un ser querido genera dolor a cualquier edad, también para los niños. La mayoría de los adultos desconocen qué hacer para ayudar a sus hijos y en ocasiones tienden a no hablar sobre la situación ni mostrar sus sentimientos.

A veces se piensa que los niños «no se dan cuenta» de las cosas que suceden a su alrededor y que, cuántas menos cosas  se les cuenten, menos sufrirán. Sin embargo, la realidad es bastante diferente…

Cuando los niños no tienen información real de lo que está sucediendo, su cerebro imagina qué puede estar pasando para que mamá esté más triste o hable menos de lo normal.

El proceso de duelo es algo normal, necesario y adaptativo y cumple diversas funciones, como: aceptar la pérdida, adaptarse al ambiente en el cual el difunto ya no está presente, reflexionar sobre momentos de la vida compartidos y preparar a los familiares para continuar.

 

En el duelo normal que puede durar entre uno y dos años, es frecuente que exista una sensación de que el muerto está presente, una sensación de soledad profunda, tristeza, etc. El tipo de pérdida y el contexto señalará la posibilidad en que el proceso de duelo sea adecuado o no.
En los niños, existen una serie de características distintas que dependiendo de la edad, facilitan a los familiares el abordaje de la situación y aunque cognitivamente parece que puedan estar preparados, la muerte de un ser querido puede generar un trauma que ponga en prueba su capacidad para afrontarla.

PAUTAS PARA HABLAR SOBRE LA MUERTE CON NIÑOS


⇒Como pautas para hablar con los pequeños sobre la muerte, es de señalar que, aunque resulte muy doloroso y difícil, es mejor hacerlo pronto. Pasadas las primeras horas ha de buscarse un momento y un lugar adecuado y explicarles lo ocurrido con palabras sencillas y sinceras. Señalar que todos los seres tienen que morir algún día y que le ocurre a todo el mundo, que no es culpa de nadie, sino que es algo natural, triste, pero natural.

 

⇒Para que el niño entienda qué es la muerte, suele ser útil hacer referencia a los muchos momentos de la vida cotidiana donde la muerte está presente: en la naturaleza, muerte de animales de compañía…  y evitar expresiones como “se ha ido” aisladas de la explicación de lo que ello significa, pues podemos alimentar la idea de que va a volver.

 

⇒Se pueden contar cuentos, fábulas, si el niño es muy pequeños, que ayuden para comparar lo que está pasando acorde con creencias y filosofías de la familia.

 

⇒Dejar que se exprese, que cuente lo que siente, recordar cosas bonitas que se han vivido y sobre todo mantenerse física y emocionalmente cerca del niño. Permitirle estar cerca, abrazarlo, escucharle, llorar con él…

⇒En torno a los dos años el niño percibe la pérdida y sufre y pone los sentimientos en la separación, pero no puede comprender el significado de la muerte. No existe un concepto de la muerte, ésta equivale a la separación , bajo la percepción de que falta algo o alguien.

 

⇒Entre los cuatro y los seis años, tienen una comprensión limitada de la muerte. Los pequeños, gracias a su pensamiento mágico pueden pensar que la persona que ha fallecido volverá a aparecer. Es importante explicarselo y tener paciencia con ellos.

 

⇒Entre los seis y los nueve años, los niños necesitan conceptualizar el hecho de la muerte; ya distinguen la fantasía de la realidad y pueden comprender la muerte y sus consecuencias.

 

Resulta habitual que los niños puedan sufrir un retroceso de conductas que previamente dominaban, como el descontrol de esfínteres o el miedo a la separación. Por otro lado, se considera que se ha superado el duelo cuando podemos recordar a la persona fallecida sin llorar ni desconcertarse y cuando se pueden establecer relaciones nuevas y aceptar los retos de la vida.

 

 

RECORDÁNDO UN CASO…


Por ejemplo, recuerdo el caso de un niño al que le había fallecido su abuelo y su familia le dijo que su abuelo se había ido. Este niño no entendió que su abuelo se había muerto, sino que se había marchado de viaje y que, por tanto, volvería algún día. Por este motivo, no se preocupó demasiado. Sin embargo, su mamá estaba muy triste, apenas jugaba con él como solía hacer antes y él no era capaz de entender porqué.

Su cabeza empezó a pensar que algo le tenía que haber hecho él a su mamá y, por ese motivo, ella estaba enfadada con él. Sin embargo, el enfado de su madre duró semanas… y luego meses. Y este niño pensó que su madre había dejado de quererle.

Como podéis imaginaros, la realidad es que su mamá intentaba seguir estando presente para su hijo, haciendo las cosas lo mejor que podía; pero estaba claro que algo había cambiado en ella debido al dolor que sentía por el fallecimiento de su padre. Y este hecho era perfectamente comprensible para todo el mundo, excepto para su hijo: la única persona que no sabía lo que realmente estaba ocurriendo.

Casos como éste nos recuerdan que es muy importante que los niños reciban una información realista de lo que sucede, incluyendo la muerte de sus seres queridos, por muy duro que pueda resultarnos a todos. Además, es importante que dicha información esté adaptada a lo que pueden entender en función de su edad y grado de comprensión.

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